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Emilio Delgado Orgaz

Diputado de la Asamblea de Madrid por PODEMOS

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Dimiten a Aguirre para que siga Cifuentes.

 

Sobre la dimisión de Esperanza Aguirre.

Durante varias décadas el Partido Popular de Madrid ha construido una poderosa estructura ilegal que enlaza a Políticos de Primera línea en la Comunidad, Concejales y Alcaldes de toda la región y empresarios que han accedido a contratos públicos a cambio de sobornos y favores: Prostitutas, Viajes, Pisos….

La vieja guardia de esa estructura, encarnada en Esperanza Aguirre, hace tiempo que se ha convertido en un lastre para quienes pretenden tomar el relevo en el Partido Popular de Madrid, aunque éstos últimos (O últimas) no acaban de llegar precisamente, sino que llevan muchos años en el Partido Popular y deben sus posiciones políticas actuales al impulso de toda esta trama.

Esa organización ilegal, ha combinado de forma magistral una magnífica comunicación política, una poderosa maquinaria de propaganda (Pagada a menudo con fondos públicos), la televisión pública en régimen de monopolio, la amistad de empresarios del mundo de la televisión privada a quienes concedió licencias, subvenciones y facilidades, una pobrísima oposición que ni supo ni quiso enfrentarse a esta organización de tintes mafiosos y el cultivo con esmero de los favores de las personas más poderosas del país; ya fuera en palcos de fútbol o en los aledaños de lo más reaccionario de la Iglesia Católica española.

Han sabido tejer una impresionante red de productores ideológicos no formales: Blogs, Fundaciones, Universidades y colegios privados, asociaciones aparentemente independientes e inocuas (En la consolidación de una mentalidad y una cultura propicia para el PP de Madrid han jugado un papel fundamental asociaciones como  “HazteOir”, “Manos Blancas”, “Peones Negros”, etc…).

Hoy dimite Esperanza Aguirre, pero la cuestión crucial no es esa.

El pasado sábado asistí al Consejo Ciudadano Ampliado de Podemos en la Comunidad de Madrid donde debatimos acerca del escenario político actual. Paso a dejar constancia, como lo hice allí de mi posición.

Lo que ocurra en los próximos días, incluida la posible moción de Censura, va a prefigurar en buena medida el escenario en el que demos la pelea electoral de 2019, por eso debemos pensar en sentar la base del marco ideológico más favorable posible para dar esa confrontación electoral.

Cristina Cifuentes se va a esforzar, ya lo está haciendo, en que la pregunta que se hagan los madrileños y madrileñas en ese momento sea si ella, Cifuentes, es lo mismo que el resto del PP o no.

Nosotros debemos procurar que la pregunta que se hagan sea otra, si un partido que ha sido incapaz de tener un Secretario General condenado o en la cárcel los últimos 20 años debe ser quien nos gobierne de aquí en adelante o si por el contrario debe pasar a la oposición.

Todo lo que sea poner el foco en Cifuentes, abre el primer debate y creo que no es el adecuado.

Cifuentes pretende desentenderse del PP, de sus escándalos y de su mala imagen. Nosotros debemos encajarla ahí permanentemente. Quizás haya que sugerirla que si no quiere tener que ver nada con el PP, debería presentarse a las elecciones por otro partido. De lo contrario, y  en la medida en que lo haga impulsada y apoyándose en estructuras congénitamente corruptas, es beneficiaria, heredera y corresponsable de ellas.

En lo relativo a la posible moción de censura creo, como lo creía hace unos meses, que merece la pena valorar la posibilidad.

Me preocupan algunos riesgos: Dar al psoe un protagonismo que no tiene en la actualidad en la vida política madrileña, reforzar a Cristina Cifuentes si no andamos con cuidado o parecer impotentes o ineficaces ante la gente si no andamos con cuidado.

Parecer impotentes no tiene que ver con ganar o perder esta moción, sino con que ésta pase sin pena ni gloria.

Para conjurar ese peligro, creo imprescindible una gran activación de todas las personas que colaboran con Podemos dentro y fuera de los círculos. Y aquí de nuevo el demonio está en los detalles, no veo sentido a movilizarnos en formatos clásicos para denunciar lo obvio.

Encuentro, por el contrario, muy interesante la posibilidad de salir a la calle a exponer todos nuestros avances y propuestas que harían de la Comunidad de Madrid una realidad bien distinta.

Por ejemplo, si hubiéramos podido desarrollar la propuesta de crear un Banco del Agua con el Canal de Isabel II tras devolverlo a su condición de bien de interés público en lugar de Sociedad Anónima (como planteábamos en el programa electoral), hubiera sido imposible que hicieran del mismo una de las fuentes de la corrupción en Madrid.

Además, contamos con innumerables ejemplos en muchos Ayuntamientos que hoy ya gobernamos o co-gobernamos, de servicios remunicipalizados exitosamente que hoy son más eficaces, más baratos e impiden el enriquecimiento de unos pocos a costa de lo que es propiedad de todos y todas.

Una movilización así, mostrando todos estos ejemplos en positivo mientras en paralelo se evidencia que el PP no tiene más proyecto para Madrid que el saqueo, creo que si nos permitiría sumar a mucha gente a nuestro proyecto y situar el debate en los términos que más nos interesan.

Vamos a ver que ocurre, pero tengamos presente que hay dos fuerzas interesadas en producir cambios: Una la formamos todos nosotros y nosotras, y otra la forman quienes necesitan cambiar algunas cosas para poder seguir mandando como siempre.

 

Emilio Delgado Orgaz
Diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid.

 

 

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Decimos Municipalismo

 

 

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El pasado 08 de Octubre, escribí este artículo que publicaba CuartoPoder.

‘Municipalismo’ es un término que ha ido ganado peso en el debate político tras la victoria en mayo de 2015 de numerosas candidaturas vecinales en las principales ciudades del país. Así, Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza, Compostela o Coruña, entre otras, fueron escenarios de profundos cambios electorales en los que, tras haber tomado las plazas, la ciudadanía conquistaba también sus instituciones más cercanas.

Pero no sólo ocurría en las grandes ciudades. Una constelación de municipios de tamaño mediano y pequeño, así como cientos de pueblos, se sumaban a la ola del cambio. Una idea de cambio que actuaba como denominador común de diferentes iniciativas políticas que compartían la vocación de devolver a la política su función primordial: velar por el bien común y devolver el poder a una ciudadanía harta de acudir a la vida política como mera espectadora.

Estos dos principios, que constituyen la columna vertebral de las candidaturas municipalistas, se despliegan posteriormente en una serie de acciones concretas: recuperación de espacios y servicios privatizados, reorientación presupuestaria hacia la defensa del interés general, limitaciones salariales de los cargos públicos, generación de procesos de participación para la toma de decisiones de cuestiones relevantes para los ciudadanos, etc.

Los ejemplos de estos actores políticos, sus acciones y omisiones, van a ser mirados con lupa por aquella parte de la ciudadanía que se mueve entre el rechazo a lo conocido y el miedo al cambio, convirtiéndose su actuación, por tanto, en una prueba de fuego que, de superarse, generará las condiciones de posibilidad de nuevos avances en el futuro para las fuerzas de cambio.

Al hilo del rumbo que están tomando los acontecimientos en España, puede que los Ayuntamientos donde gobiernan y cogobiernan sean además los encargados de contener la ofensiva conservadora que puede desatar el Partido Popular si es que finalmente se hace con el Gobierno del país. Por ello, quizás resulte útil reflexionar sobre las prácticas, los retos y los éxitos de este movimiento político de carácter local que con distintas fórmulas y escenografías ha puesto a los Ayuntamientos en el centro de la gran batalla política en nuestro país.

Algunas de estas candidaturas, con buen criterio, establecieron sus hojas de ruta tras hacer un análisis de la realidad de manera participativa y, al mismo tiempo, exhaustiva. En Móstoles, por ejemplo, más de ochocientas personas fueron encuestadas por una red vecinal de personas voluntarias que participaron en un proyecto de investigación social. Decenas de vecinos y vecinas recibieron formación como encuestadores, crearon pequeños grupos que se ocupaban de distintas manzanas de la ciudad y, en coordinación con varios sociólogos, elaboraron un estudio acerca de cuáles eran las principales demandas de la ciudadanía.

A la hora de generar vínculos comunitarios que permitan cohesionar a la población alrededor de un proyecto de transformación, es imprescindible comenzar por los intereses del otro, no de los propios. En el caso que nos ocupa, se trataba de comenzar por aquellas demandas mayoritarias, reconocidas de forma general por la ciudadanía y que no encuentran cauce en los partidos tradicionales.

A partir de ahí, e instaladas ya en las instituciones, las candidaturas comenzaron a completar el diagnóstico a través del conocimiento concreto de “la casa”: número y situación de los funcionarios, de los servicios municipales, de las posibilidades presupuestarias y el estado financiero del municipio, de las cláusulas de los contratos firmados, del resto de fuerzas políticas y agentes sociales, etc. Sólo con el conocimiento prolijo del terreno que pisamos estamos en condiciones de demostrar que un gobierno de cambio es beneficioso para el conjunto de la población. Que se pueden hacer, y se hacen, las cosas mejor de lo que las hacían antes los viejos partidos.

Sin este trabajo previo, se corren dos riesgos. El primero es compensar la falta de ideas y propuestas sobre una realidad que no se conoce bien mediante abstracciones o generalidades que suelen ir dirigidas a satisfacer las expectativas de la base más militante de la candidatura, que no tiene por qué coincidir con las del grueso del electorado que la avaló en las urnas. Así encontramos en algunos plenos municipales que la falta de propuestas concretas de ámbito local se trata de paliar con mociones sobre graves injusticias internacionales, declaraciones sobre cuestiones de ámbito estatal o iniciativas de carácter particular que no influyen ni preocupan a la mayoría de las personas de la ciudad.

El segundo riesgo es hacer un ejercicio de continuismo seguro sobre lo que ya trabajaron otros en gobiernos anteriores, refugiarse en la zona de confort de lo posible sin tratar de ampliar ese horizonte. Quedar atrapado en la gestión cotidiana y el mantenimiento de la ciudad sin un horizonte político de transformación de las relaciones que la atraviesan.

Cualquiera de estas dos tendencias vacía o merma la capacidad de desencadenar procesos amplios en los que se reconozca e implique el grueso de la vecindad, limitando de forma seria las posibilidades en el presente, e hipotecando, sin duda, las de futuro.

Sin embargo, abundan los ejemplos de buen municipalismo. No son pocas las iniciativas que han pasado de presentarse como propuestas a ser hoy hechos consumados: aumento en el presupuesto de ayudas para material escolar y libros de texto de más de un 100%, creación de comisiones de investigación de los casos de corrupción que han golpeado a las arcas públicas municipales, remunicipalización de servicios como BiciMad o la Funeraria de Madrid, vigilancia y mejora de otros servicios cuyos contratistas abusaban de la concesión sin desarrollar adecuadamente los trabajos, recuperación de vivienda pública en manos de fondos buitre, reducciones importantes del gasto público en salarios de concejales y alcaldes, reversión de los recortes en materia de igualdad y violencia machista, inclusión de cláusulas sociales en los nuevos contratos con la administración local, etc. Y lo más importante es que todo esto se ha hecho al mismo tiempo que se amortizaba deuda municipal, deuda que ha sido y sigue siendo una excusa en otros municipios para no afrontar las necesidades de la mayoría social. Con ello se demuestra que es posible ser más sensible a las demandas sociales y gestionar con solvencia las instituciones.

El buen municipalismo es también consciente de que sólo puede desarrollarse en una sociedad viva, dinámica, que tiene expectativas e ilusiones. En la tensión creativa y fecunda de pueblos y ciudades en los que se multiplican los nudos comunitarios: centros de mayores, clubs deportivos, centros de ocio, movimientos sociales, medios de comunicación, casas regionales, asociaciones de vecinos, etc. Y, por tanto, atiende e impulsa las condiciones en las que pueden nacer y crecer todo este tipo de iniciativas sin las cuales lo que queda es el bien conocido desierto de lo real: una multitud que coexiste, pero no convive, que se aísla del resto y, por tanto, se fragmenta y convierte en productora, consumidora y votante, normalmente de opciones políticas alejadas de sus propios intereses.

El desencadenamiento de estos procesos sociales y políticos en el ámbito local encuentra sin embargo un freno administrativo y legal derivado de la subordinación de los municipios y sus limitaciones financieras y competenciales, vaciando de contenido el principio de autonomía local, que no puede hacerse efectivo sin las condiciones materiales que lo garanticen.

Si durante décadas se ha aplazado una segunda descentralización que vaya de las Comunidades autónomas a los municipios y un abordaje legal de su financiación que establezca un sistema estable, equilibrado y transparente, con la puesta en marcha de la ley 27/2013 de racionalización y sostenibilidad de las corporaciones locales, conocida como Ley Montoro, podemos hablar hoy sin margen de error de una situación municipal de estrangulamiento financiero-competencial. Si de una parte sus competencias se ven amenazadas, también sus capacidades se ven reducidas por la falta de financiación y de liquidez.

Por lo anteriormente expuesto, desde el Congreso de los Diputados, el grupo parlamentario de Unidos Podemos hemos presentado una proposición con el objetivo de derogar aspectos sustanciales de esta ley que ha supuesto un estrangulamiento financiero de los municipios y ha dejado en papel mojado el principio de autonomía local. Desde el Grupo Parlamentario de Podemos en la Comunidad de Madrid, hemos trabajado en tres líneas principales:

De una parte, en el marco de la futura reforma del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, hemos propuesto que se implemente un sistema estable, equilibrado, transparente y proporcionado de financiación local, que garantice la suficiencia financiera de las entidades locales.

Con el objetivo de que los municipios puedan poner en marcha estrategias de gobierno a medio y largo plazo que propicien y estabilicen cambios y mejoras,  éstos han de conocer a ciencia cierta con qué recursos cuentan y de qué competencias habrán de hacerse cargo. En este sentido, el mencionado sistema de financiación debe contemplar los parámetros, criterios y principios rectores que, desde la construcción de un sistema solidario y cooperativo interadministraciones, garantice la convergencia, el equilibrio territorial y la cohesión social.

El nuevo sistema de financiación debería incluir indicadores que permitan objetivar la necesidad de gasto y la capacidad fiscal, de manera que, a través de su análisis y seguimiento, se contribuya a una adecuada distribución de los recursos y a un justo equilibrio territorial en la región. Igualmente, deben explicitarse la naturaleza y el reparto de los espacios fiscales, propios o compartidos; las cuantías de las transferencias para garantizar la suficiencia de los servicios esenciales y el desarrollo de las competencias de los Ayuntamientos, así como los recursos y mecanismos de acceso al crédito.

En segundo lugar, y en ausencia de este sistema de financiación, entendemos que el Plan Regional de Infraestructuras y Servicios (PRISMA) es una herramienta fundamental de atención a los municipios que ha sido gestionada con una irresponsabilidad pavorosa en la medida en que se ha visto atravesada por la trama Púnica, la opacidad y la discrecionalidad. Por ello, hemos propuesto una batería de mejoras que consoliden este plan como una herramienta útil y democrática que permita a las corporaciones locales atender al menos sus necesidades más urgentes.

Como tercera línea de trabajo, hemos promocionado la Red de Municipios por el Cambio, que aglutina a la gran mayoría de candidaturas de unidad popular de nuestra región. El objetivo de esta red es coordinar políticas de ámbito autonómico que afectan a nuestros municipios, así como establecer un marco de encuentro mediante el cual las candidaturas de cambio puedan actuar de forma coordinada en espacios de vital importancia como la Federación Madrileña de Municipios.

Finalmente, queda en manos del Gobierno central una reforma del sistema de transferencias en los presupuestos generales del Estado que traten con justicia a los órganos administrativos más próximos a la ciudadanía.

En la actualidad, el 50% de los presupuestos estatales atienden al Estado central, el 37% a las CCAA, y tan sólo el 13% es destinado a los municipios. Una redistribución más equitativa, junto al mencionado sistema de financiación local y una descentralización competencial de las CCAA a los Ayuntamientos, redundaría en una democratización de nuestro aparato administrativo multiplicando las posibilidades de incidencia de las políticas locales.

En la armonización de estos cuatro niveles –sociedad, administración local, comunidades autónomas y Estado– está la posibilidad de vertebrar un nuevo modelo social más justo, transparente y democrático.

(*) Emilio Delgado Orgaz, Diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid.

LA MÚSICA DE PODEMOS

Recientemente hemos visto como la red se salpicaba de metáforas musicales para entrar en el debate sobre el Podemos que queremos.

En una simplificación desacertada en mi opinión, hay quien pretende dibujar un ala de “Blandos” que se referenciarían en canciones de Cold Play y un ala más “Contundente” cuya representación quedaría a cargo de, por ejemplo, Bruce Springsteen.

Bajo mi punto de vista, reducir la complejidad de Podemos a un sistema binario en el que hemos de elegir entre el pop y el rock, solo sirve para caricaturizar diferencias políticas mucho más sustanciales e interesantes.

No obstante, la cosa me ha suscitado una reflexión personal que me hace entrar al trapo en este asunto.

Cuando pienso en la banda sonora de mi infancia, aparecen grupos como “Los Chichos”, “Los Chunguitos” o “Bordón 4”. Los ponían mis padres y mis tíos en el Seat 850 en inacabables viajes Madrid-Valencia para pasar unos días en la playa. Sonaban en las bodas y en las cenas de Nochebuena en las que toda la familia se juntaba para comer, beber, bailar y jugar a las cartas hasta las tantas mientras los primos bajábamos de noche a tirar petardos.

Esas Rumbas, a menudo machistas y toscas, cantaban amores y desamores, pero también popularizaban a través de sus letras (seguramente por primera vez en la democracia) la situación de los marginados y los pobres que la transición iba dejando fuera. La situación de los presos en las cárceles o los estragos de la epidemia de heroína de los ochenta, circulaban entre guitarras por las casas bajas de Palomeras donde vivían mis abuelos antes de que los realojaran, casualidad del destino, en la Calle Ramón Pérez de Ayala, la misma en la que si no me equivoco vive nuestro Secretario General.

Más tarde, entre los 90 y el 2000, fueron llegándome Rosendo, Celtas cortos o Reincidentes, también los grupos que sustentaban el llamado rock radical vasco, a los que siguieron otros: “Hechos contra el decoro”, “Sargento García”, “Mano Negra” o Fermín Muguruza ya en solitario… Sonaban en las marchas contra el paro, en los “50 años bastan”, en el encuentro internacional contra el neoliberalismo y en los parques del barrio. Non Servium empezaban a hacerse enormes y saltaban de la Casika cada vez más lejos, y Habeas corpus iba llamando “A las cosas por su nombre”.

Luego la música se me fue de las manos y decidí hacer caso a Kase O: “Escucha de todo pero con criterio”. Así que me gusta darme una mañana de domingo escuchando a la SDJ Crew, o volviendo a cosas que escuchaba antes como “El Payo malo” o “Mucho muchacho”, pero me emociono con cosas muy variadas, desde “Nina Simone” a “White Buffalo”, pasando por “Vestusta Morla”, “Gentes del Pueblo”, “El Cabrero”, “Antonio Molina”….

Cuento todo esto porque todas estas músicas van asociadas a momentos históricos y a personas, y no me cabe en la cabeza un Podemos que no las contenga todas. Es más, no me cabe en la cabeza un Podemos que no se vaya rodeando de músicas nuevas que le doten de un universo simbólico y cultural que acompañe la nueva etapa política que hemos inaugurado.

Decía Rafael Amor que “Las canciones, por si solas, no provocan cambios. Pero que ningún cambio se ha hecho nunca sin canciones que lo acompañen”. Habrá pues que acompañar los procesos de cambios con melodías y ritmos diversos que acojan a todo un pueblo.

Esto no va de un “Podemos duro” vs un “Podemos blando”, va de construir una casa diversa y plural con capacidad de ganar el futuro, o reconstruirle un espacio a la izquierda que tratábamos de superar. La izquierda debe tener su espacio en esta casa, pero no ocuparla toda. Porque el país que queremos ganar, es más amplio, más diverso.

Algunos escuchábamos de vez en cuando a Non Servium cuando se nos invitó a un Festival con muchas bandas, ahora nadie puede enfadarse porque no queramos estar todo el día escuchando a Reincidentes. Veníamos a otra cosa.

No es más radical quien más golpes de pecho o autoafirmaciones hace, sino quien es capaz de conjurar todas las voluntades de un pueblo, sabiendo que son muchas y distintas, para cambiar las cosas y vencer a los poderosos.

A menudo, las voces más “duras” hablan de “batallas que no puedes encontrar en los mapas”, y obligan a recordar: “Cuidado, somos los mismos que cuando empezamos”.

EFEMÉRIDES: SOBRE EL 1 Y EL 2 DE MAYO

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Sobre el 1 de Mayo.

Tengo unos diez años, y estoy de rodillas junto a mi hermano sobre una tela roja. Colocamos tiras de cinta aislante blanca formando letras que a su vez configuran la frase: CCOO Sindicato Trabajador. Preparamos una pancarta casera. Viene el primero de Mayo y en casa es una fecha indiscutida. Son los tiempos de los locales modestos del sindicato (Cada uno bajaba su silla, en Navidades colectas de juguetes para otros niños y niñas del barrio), grandes huelgas en la construcción, mi padre llegando muy tarde a casa de alguna asamblea.

Toda la familia, incluidos mis tíos y tías, acudiremos a la manifestación del Día del Trabajador.

Tengo 39 años, es primero de Mayo y reparo en que no he acudido a la manifestación, hace algunos años ya que no voy, mi familia tampoco va desde hace tiempo.

Me pregunto qué ha sucedido entre estos dos momentos. Me respondo:

Las modificaciones operadas en el mercado laboral: Ya pocos viven donde trabajan, no crían a sus hijos juntos, no hablan de la situación de la fábrica (Porque no hay fábrica), quienes malviven en trabajos precarios de unos meses no se sindican. Para qué si mañana ya no estarán en ahí. Los parados, los inmigrantes, los becarios…sin fuerza que los organice.

La cadena de cesiones que han protagonizado en las sucesivas reformas laborales unos sindicatos desaparecidos en la crisis más grave que ha sufrido nuestro pueblo en varias décadas. Afectados por si fuera poco por escándalos de corrupción como el de las tarjetas Black o los ERE que contribuían a minar su prestigio.

La movilización del primero de Mayo ha ido perdiendo su potencia en los mismos años en que la patronal desplegaba la suya, una fuerza imparable que ha modificado las relaciones laborales y sociales hasta lo inimaginable. Turbocapitalismo frente a unas organizaciones sindicales poco ágiles.

Hoy tener empleo no significa en modo alguno librarse de la amenaza de la pobreza. Uno de cada cinco trabajadores en España es pobre, es decir que gana menos del 60% de la renta media.

Es inaplazable la actualización de un sindicalismo que sin plan de futuro ni respuestas a los interrogantes del presente, se refugia en el pasado. La nostalgia jamás ha operado como una fuerza motora.

A las grandes empresas de este país no les preocupan ni las proclamas estériles, ni las procesiones folcklóricas. Tampoco los llamados sindicatos alternativos han sido capaces de romper sus propios límites. Pareciera que el sindicalismo ha sido el campo en el que menos ha calado la tormenta renovadora del 15M.

Es lógico que las movilizaciones mengüen cuando cada vez menos trabajadores y trabajadoras se sienten concernidos por la llamada de unos agentes a los que perciben lejanos. Queda todo por hacer en el terreno de las relaciones laborales.

Hay algunos destellos de esperanza en la gestión de conflictos concretos, en sindicalistas potentes que piensan nuevas formas organizativas y encaran con audacia la nueva realidad, en grupos de personas precarias y paradas, en ideas que hablan de vincular derechos de ciudadanía como la renta básica a la actividad sindical…habrá que darles espacio y tiempo.

En un escenario internacional tan agresivo con los derechos laborales no podemos cometer el error de confundir la crítica de algunas prácticas sindicales con la impugnación absurda de la organización sindical en su conjunto.

Sobre el 2 de Mayo

Nada hay más ocioso que convertir una efemeride en un ejercicio mecánico de rituales secos.

El dos de Mayo, que evoca la resistencia del pueblo de Madrid en la guerra de independencia frente a Napoleón, es celebrado indistintamente por todos los espectros políticos de nuestra región sin que suscite controversia su naturaleza revolucionaria. Es evidentemente una fecha en disputa.

La interpretación Naif que sectores vinculados a las élites vienen haciendo de aquellos sucesos, viene a ser la de un pueblo fiel a sus gobernantes que se levanta en armas contra el invasor extranjero. Independientemente del papel de sus gobernantes. Por el contrario, algunos sectores de izquierda desaprovechan la ocasión de entender el papel que juegan las identidades colectivas en la capacidad de agregación política y en la intervención social, al menospreciar aquellos hechos ubicándolos dentro de una revolución “equivocada” que salió en defensa de sus opresores.

Aunque hay algo de verdad en ambas lecturas, merece la pena ahondar un poco en aquellos sucesos épicos, dramáticos y violentos que modificaron el curso de nuestra historia.

Si de una parte el movimiento de resistencia nacional se anclaba firmemente en la defensa de la tradición religiosa y cultural, de las viejas leyes por opresivas que fueran o en la reivindicación dinástica de un rey propio e idealizado frente a uno extranjero, también hubo quienes percibieron la oportunidad de introducir cambios de progreso en el país en las zonas y capas sociales más permeables a las ideas que venían de Francia. Liberales que abogaban por equilibrar el orden establecido con una ampliación de las libertades y Había entre estas dos fuerzas un eje común, la defensa de la soberanía nacional, pero alrededor del cual cada una ejercía fuerzas en sentido centrífugo.

La realidad imponiéndose a la determinación idealista previa, a las lecturas planas o mecánicas. Contradictoria y plural. Viva.

En aquellos días convivieron el heroísmo del pueblo y la pleitesía inmediata de la nobleza y la alta administración, el intento de centralización frente a la autonomía municipal y provincial que fue clave a la hora de la contienda militar, la constitución de 1812 y el: “Vivan las cadenas” posterior, Los liberales y los afrancesados, luces y sombras que configuran un desarrollo histórico concreto.

Aunque la constitución de 1812 fuera abolida posteriormente, su impronta liberal fue recogida en diversas etapas y procesos políticos posteriores abriendo las vías a planteamientos más avanzados.

Ayer, como hoy, un pueblo contradictorio y diverso hubo de hacerse cargo de defender la soberanía cuando sus élites no dudaron en entregársela a terceros a cambio de salvar su propia posición. Muchos y muchas dieron su vida por ello, con todas las contradicciones que se quiera.

Emilio Delgado Orgaz 04/04/2016

Dejo mis responsabilidades en el partido.

Estimadas compañeras, estimados compañeros:

Nunca pensé que iba a llegar el momento de escribir esta carta. Nunca pensé, por supuesto, que iba a encargarme de la inmensa responsabilidad que supone ser Secretario de Organización del Consejo Autonómico de Madrid indefinidamente, pero tampoco que este final iba a llegar con la presentación de mi dimisión como secretario y como consejero de dicho órgano. Éste y no otro es el objetivo de esta carta.

Nunca lo pensé por diferentes razones: en primer lugar, desde el comienzo de Podemos, mi entusiasmo y mi compromiso con el proyecto han sido descomunales, como el de tantas personas que participan en Podemos. Por fin, después de muchas décadas en las que la voluntad de nuestro pueblo fue secuestrada, estábamos en disposición de construir una herramienta para cambiar las cosas. Me impliqué en cuerpo y alma, dejando descuidados algunos aspectos de mi vida y en un momento personal muy especial, pero sabiendo que las horas de trabajo, el esfuerzo y la aventura común merecían, con mucho, la pena. Por fin, construiamos una organización política con capacidad, empuje y dinámicas alejadas de las de los viejos partidos. Por fin, cualquiera, la gente normal y corriente, que levanta este país cada mañana, estaba en condiciones de hacer política. Yo me sentí y me siento identificado con ese Podemos, una herramienta política, transversal y construida para ganar y cambiar la vida de la ciudadanía. En segundo lugar, todos los que me conocen lo saben, soy una persona, que ha tratado de hacer que las cosas funcionaran en virtud del modelo organizativo que nos dimos democráticamente e intentando, dentro de lo posible y con una responsabilidad complicada (Organizar, mediar e intervenir en 180 municipios no hace que a todo el mundo le parezcas el más simpático, obviamente), ser ecuánime, mediar entre diferentes para lograr solucionar conflictos y, todo ello, siendo extremadamente prudente con el contexto general y con nuestro proyecto político.

Hoy, después de meses de trabajo ingente, serio y en la dirección que nos marcamos como organización, he de, lamentandolo muchísimo, dimitir de mis responsabilidades del Consejo Ciudadano Autonómico de la Comunidad de Madrid, así como de consejero de dicho órgano. Quien esté leyendo esta carta se preguntará cuáles son mis motivos para dar un paso así de relevante y por qué elijo este momento para hacerlos públicos.

Respecto a los motivos, he de señalar, en primer lugar, el fundamental: creo que hoy sencillamente me es imposible realizar mi trabajo. La ausencia de dirección política del órgano autonómico es paralizante y, sinceramente, no la merece ni nuestra organización en Madrid, ni todas las personas que apoyaron Podemos con su participación o con su voto. Hechos como que el máximo responsable de esta dirección, el Secretario General, desapareciese de la vida de nuestra organización política, no haya sido capaz de convocar una sola vez, por sí mismo, a todos los Secretarios Generales Municipales de la Comunidad, no estuviese a la altura del nivel de exigencia de la última campaña electoral a las elecciones generales, ausentándose prácticamente durante toda la misma, haya sido incapaz de trabajar una hoja de ruta estrategica para aterrizar la línea política a la realidad de nuestra Comunidad y sus municipios o solamente haya propiciado descoordinación y desconfianza con el Grupo Parlamentario, son suficientemente significativos y describen lo que a mi modo de ver es la antítesis de lo que debe ser un dirigente político a la altura que las circunstancias reclaman.

Durante todo este año y medio, dada mi difícil posición y mi responsabilidad, he intentado, discretamente y sin acudir jamás a medios de comunicación o hacer declaraciones en redes que pudieran dañar al partido, en esa línea pienso seguir. He procurado mediar, buscar soluciones y reactivar a la dirección política en la medida de mis posibilidades, incluso en ocasiones probablemente asumiendo tareas que no me correspondían. En definitiva, he intentado por todos los medios que las aguas volvieran a su cauce y lograr que las cosas pudiesen funcionar pero hoy mi trabajo se ha vuelto misión imposible. Con especial crudeza, he vivido la ausencia de liderazgo y la falta de apoyo en lo que respecta a la ciudad de Madrid con la que se ha bloqueado cualquier posibilidad de coordinación, dificultando el trabajo y no potenciando las posibles sinergias entre los diferentes niveles territoriales.

En segundo lugar, la situación me parece hoy completamente irreformable en los órganos de Madrid. En este sentido, soy incapaz de seguir formando parte de una dirección política que, a mi modo de ver, pone en riesgo por su inacción y las dinámicas perniciosas, que ha permitido instalar, una herramienta levantada a pulso con la ilusión, el esfuerzo y la contribución económica de la gente. Mi responsabilidad también me lleva a pensar que este es el mejor momento para presentar mi dimisión para que la próxima persona que asuma el cargo tenga suficiente tiempo para prepararse para un contexto político difícil en el que, incluso, puede que se repitan las elecciones generales.

Además, quiero dejar meridianamente claro que mi disconformidad y decepción se refieren a las direcciones políticas de Madrid y que, en esa medida, seguiré trabajando desde todos los espacios posibles dentro de nuestra formación política para impulsar una línea de trabajo coherente con lo que nos mandataron las personas que nos votaron en las primarias: compromiso, sensatez, valentía para decir las cosas como son y honestidad y responsabilidad también para dimitir cuando uno cree que es lo necesario y lo mejor para nuestro proyecto. Desde la institución de la Asamblea de Madrid, seguiré tratando de llevar los problemas y las demandas de la gente, así como ponerla finalmente al servicio de ésta, mandato principal de nuestros electores en las pasadas elecciones autonómicas.

Por último, quiero manifestar mi indignación a quienes por vanidad, por torpeza o ignorancia preparan la enésima desilusión de todos y todas. También quiero aprovechar para dar las gracias a las miles de voluntarias y voluntarios y a todas las personas que, desde el principio y durante este año y medio, se han volcado en vertebrar esta organización y, muy especialmente, a todos los responsables de JEZ y personas que han trabajado conmigo, codo a codo, en la Secretaría de organización. Con vuestro esfuerzo y ejemplo estáis pariendo la esperanza del otro mundo posible. Un fuerte abrazo. Que nadie se equivoque: aquí nadie renuncia, ni se rinde; seguimos contruyendo, desde otros espacios fuera de la dirección de Madrid, una herramienta política para la gente y a la altura de los tiempos históricos que vivimos. Como decía Pablo Iglesias el pasado miércoles en el pleno del Congreso de los Diputados: “En la mentira nada florece, en la verdad, todo es posible”.

Emilio Delgado Orgaz,

Móstoles a 07 de Marzo de 2016.

Aquella rueda de prensa

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A veces ocurre que alguien rebobina hasta algún momento sepultado por el paso del tiempo y rescata episodios pequeños que tienen la capacidad de explicar aquel contexto histórico de forma potente y plástica. Es posible que en el futuro sea útil regresar al día 19 de enero si se desea bucear en la crónica política de nuestros días para explicar procesos ulteriores.

Ese día tuvo lugar la primera rueda de prensa del grupo confederal de Podemos de la décimo primera legislatura. El objetivo era la presentación de este grupo y explicar las circunstancias que han rodeado su conformación. Sin embargo, todo, absolutamente todo lo que ocurrió en la forma y en el fondo era noticiable.

Para empezar, el propio formato de la comparecencia, en un país acostumbrado a ver a sus dirigentes en una televisión de plasma, a que le hurten explicaciones, a ruedas de prensa sin preguntas o con preguntas limitadas y pactadas. Durante casi una hora, el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, junto a Alexandra Fernández (En Marea-Podemos) y a Xavier Domènech (En Comú-Podem), se sometieron a todas la preguntas y repreguntas de los periodistas, pudiendo interpelar estos directamente a cualquiera de los tres portavoces. El tono cercano contrastaba con las formas, pretendidamente serias, de quienes han hecho del protocolo un escudo para que nadie cuestione su estilo de vida.

La presentación del grupo confederal “Podemos-En Común-En Marea”, apuntaba de forma implícita y explícita a la que es posiblemente la única salida que le queda al estado español para superar sus dificultades de encaje territorial y su supervivencia como proyecto nacional. Esto es, evolucionar hacia un proyecto real de nación de naciones que permita la unidad en la diversidad y que tenga un proyecto político que proteja a la mayoría social del país de la voracidad de unas élites que no dudan en saquear los recursos de todos para su propio beneficio sin reparar en las consecuencias económicas, sociales y políticas de su actividad depredadora.

La propuesta política que ha defendido Podemos junto con sus alianzas, el tridente que anuda la plurinacionalidad, la regeneración política y la justicia social y que se concreta en cinco medidas de reforma constitucional, constituye un ejercicio de alta ingeniería política que demuestra solvencia y responsabilidad, dos cualidades sin las cuales nuestro país se ve abocado a una cadena de tensiones que no parecen conducir a ningún lugar estimulante o deseable.
Frente a ella, el que hemos denominado “búnker de los tres” (PP, PSOE y Ciudadanos) se mueve entre propuestas continuistas que presumen y presentan como un valor el inmovilismo y declaraciones ampulosas de cambio, apertura y diálogo, que chocan una y otra vez con las decisiones que se toman en la práctica.

El PSOE, en mitad de la crisis más grave de su historia moderna, aboga por reformas, integraciones y diálogos que simultáneamente niega al impedir que las alianzas de Podemos tengan grupo propio en el Congreso aun reuniendo todos los requisitos formales, mientras no duda en entregar la mesa al PP y a Ciudadanos o cede senadores a ERC y a CDC para que tengan grupo propio en el Senado. Igualmente, sigue sin pronunciarse sobre las puertas giratorias, la derogación de las reformas laborales o la abolición de la reforma del artículo 135 de la Constitución. No aclara qué país quiere, pero insiste en que quiere gobernarlo.

La actitud de este bipartismo ampliado no tiene que ver con la actualización que han demandado millones de personas en las plazas y las urnas, sino con el mantenimiento del status quo y de las condiciones que benefician a un conglomerado de partidos y empresas que ejercen de facto la dirección del país.

La primera rueda de prensa de las fuerzas del cambio en el Congreso continúa avanzando en el dibujo de la otra posibilidad, la de un país distinto que recoja las demandas evidentes de una ciudadanía harta de estar harta.

Conviene subrayar el término, posibilidad, que aclara que no hay nada escrito. Pero cuando lo que queda fuera de esa posibilidad es el reino de la tristeza y la impotencia, merece la pena pelear por ella. Porque no nacimos para vivir impotentemente tristes, sino para descubrir los fantásticos paisajes que hay más allá del miedo y la resignación. Algo se vio ayer, en aquella rueda de prensa, en la que voces distintas hablaban de las necesidades de todos.

Apuntes rápidos tras el 27-S

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Ayer lunes, a la gente de Podemos nos costó un poco más salir de la cama. Nos dolía aún el costado tras los resultados de las elecciones catalanas. Sí, esperábamos mucho más. Sí, el resultado es muy malo. Pero te levantas, haces el desayuno y ya en el tren de camino a la Asamblea de Madrid empiezas a trabajar sobre el resultado para mejorarlo; es lo que toca hoy. Nadie nos dijo que fuera a ser fácil y tampoco somos de andar mucho tiempo lamentándonos.

¿Qué ha pasado en estas elecciones?. Con apenas un 7% escrutado empezaron a hacerse hueco las más variadas explicaciones, algunas de ellas simplificaciones que explicaban poco, otras son la misma de siempre, la que se repite como un mantra independientemente del enunciado del problema: La culpa es de la dirección. Así, tal cual. No estoy en absoluto de acuerdo.

Me recuerda la actitud de algunos seguidores de fútbol cuyo equipo después de ganar tres temporadas y dos Champions, pierde algunos partidos y ya están pidiendo la cabeza del entrenador.

En primer lugar hemos asistido a unas elecciones de carácter excepcional, en clave plebiscitaria sobre la independencia de Cataluña. Así lo entendió el bloque del sí (JxSí y CUP), pero también el bloque del no (C’s, PP y PSC), los medios de comunicación, la sociedad civil catalana, y a juzgar por los resultados la inmensa mayoría de quienes fueron ayer a las urnas. En ese escenario, nuestra historia se parece al clásico episodio de quien se pone a intentar separar en una pelea que está a punto de estallar y sale de ella malparado.

La tremenda polarización electoral ha servido para que se hable poco de la corrupción, de las privatizaciones o del hambre infantil, y ha permitido que unos y otros eludan sus responsabilidades en beneficio de un debate sobre la independencia de Cataluña que al final, tiempo al tiempo, es posible que no vaya mucho más allá de un nuevo estatuto de autonomía.

En ese escenario nuestra propuesta tenía poco margen de crecimiento incluso yendo en común con ICV. Lo hemos dicho muchas veces, en unas elecciones sumar siglas no equivale a sumar votos ni escaños. Algunos nos planteamos hoy si no estaremos desdibujando una buena marca electoral. Anoche un compañero me decía que Apple no presenta en canarias un plátano, en Asturias una uva y en Extremadura un melocotón, la fuerza comunicativa de la marca es mantener la manzana y que todo el mundo la reconozca. Puede que lleve algo de razón.

Sin embargo pienso que la explicación más importante no se encuentra en el exterior de Podemos. La noche de los resultados de las Europeas del 25 de Mayo del pasado año, Podemos irrumpió en el escenario electoral a mano y sin permiso para sorpresa de todos. Pronto sacudió la misma pregunta en las conversaciones, en las entrevistas a nuestros portavoces, en los bares, entre la élite política: ¿Cuál ha sido el secreto de Podemos? ¿Cómo ha conseguido estos resultados?. Iñigo Errejón, director de aquella campaña, explicó entonces la hipótesis de trabajo que nos condujo a romper el techo de cristal que parecía aprisionar de por vida a cualquier intento de representación de la mayoría social que se expresó en las plazas. Era necesario trenzar todas las demandas parciales (desahucios, paro, corrupción, estafa energética, ausencia de participación ciudadana, etc…) y condensarlas en unas pocas ideas fuerza (democracia, soberanía, justicia social), asociadas a su vez a una marca electoral que representara a un nuevo proyecto político de cambio. Para ello hacía falta un buen aparato comunicativo que empujara a liderazgos mediáticos potentes en la esfera pública que fuesen capaces de reordenar el eje político (el famoso tablero) en favor de esa mayoría social.

De forma paralela, los círculos de Podemos supondrían el anclaje territorial de ese proyecto, la red de penetración capilar en la sociedad que permitiría ir reduciendo en parte la dependencia de los medios e ir incorporando a la sociedad civil al nuevo proyecto.

Esas eran las condiciones de posibilidad.

Pienso que buena parte de la explicación de los límites que hemos encontrado en las elecciones catalanas tiene que ver con no haber sabido encajar esta hipótesis de trabajo, que hasta ahora ha venido funcionando, en un escenario diferente y, también, con olvidar alguna de sus premisas.

De una parte, el espacio populista que supone la incorporación transversal de sectores sociales diversos en torno a un objetivo común ya estaba ocupado. El significante político agregador, en Cataluña, se llama “derecho a decidir”, y en torno a él ha tenido lugar el encadenamiento de demandas parciales, la idea de cambio y la acumulación de fuerzas. Por otra parte, el espacio de indignación y articulación de la misma que no encontraba refugio en una candidatura pilotada por las élites saqueadoras, se encontraba a su vez ocupado desde hace tiempo por la izquierda independentista (CUP). De manera que ni quedaba espacio social para una apuesta populista en clave social, ni existía la suficiente articulación territorial de la indignación vinculada a Podemos, porque ya se había generado en buena medida en torno a las CUP. La implantación territorial de Podemos es sensiblemente más lenta en Cataluña con veinte mil inscritos menos que Madrid y muchos menos círculos locales.

A todo esto sumemos la elección de un candidato sin el necesario liderazgo mediático (¿Estaríamos hablando hoy en estos términos de haber liderado CSQP, por ejemplo, Ada Colau?) y nuestra teoría populista queda seriamente herida. Si no se dan las condiciones, no se dan los resultados.

Quedaba la posibilidad de que se diese un trasvase de votos del PSC en torno a nuestro discurso que acepta el derecho a decidir pero propone un país de paises integrador y respetuoso, donde todo el mundo se sienta cómodo y respetado y por tanto no sea necesaria la ruptura. Ahora bien, las elecciones andaluzas ya demostraron que el PSOE aguanta mejor de lo esperado pese a su gradual desgaste y además es posible que en Cataluña el centro del tablero no esté exactamente en el mismo sitio que en el resto del estado, habiendo sido positivo introducir elementos diferenciadores que nos permitieran facilitar el trasvase de votos.

No obstante, la apuesta de CSQP por ese país de países donde prime la colaboración y no el enfrentamiento entre Madrid y Barcelona (Ada y Manuela están sabiendo dar un ejemplo en este sentido) tiene muchas papeletas para revalorizarse en unas elecciones generales. Muchas de las personas que en clave autonómica votaron una cosa, pueden ver en clave estatal a Podemos como el único actor dispuesto a desinflamar este conflicto abriendo los candados de la constitución, el del modelo de estado y el de los derechos sociales por encima de los beneficios de las élites. Está por ver.

La multitud de certidumbres y de incógnitas que se ciernen sobre las próximas elecciones generales llevan aparejado un escenario radicalmente distinto, y mucho más favorable, que el que afrontábamos en estas elecciones: ¿cuánto tiempo podrá Ciudadanos seguir jugando a darle la comisión de investigación de los ERES al PSOE en Andalucía mientras apoya al gobierno cercado por la Púnica de Cifuentes en Madrid?, ¿Donde está el suelo de voto de PP y PSOE que no paran de caer en cada nueva elección?, y sobre todo ¿dónde estará el máximo que podamos alcanzar nosotros y nosotras en unas elecciones generales que hemos definimos desde el principio como nuestro objetivo número uno, al que hemos supeditado todos y cada uno de los pasos que hemos dado estos dos años?. En estos dos años hemos construido poder popular en los barrios y pueblos, candidaturas municipales que gobiernan o cogobiernan en los principales ayuntamientos del país y otros muchos municipios de tamaño mediano o pequeño, miles de círculos, presencia institucional en numerosos parlamentos autonómicos, etc… ¿Hasta donde seremos capaces de llevar el impulso democratizador de aquellas plazas abarrotadas?.

Que no nos engañe nadie, eso también está por ver.

Emilio Delgado

Diputado en la Asamblea de Madrid

Pobreza Energética

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De un tiempo a esta parte y como signo de los tiempos, se ha instalado en nuestro vocabulario el concepto de Pobreza energética. Tiene que ver con aquellos hogares que bien por la caída de los ingresos, bien por la subida de la tarifa del gas y luz (un 90% en diez años), no pueden permitirse poner la calefacción o mantener la vivienda a una temperatura adecuada en el invierno.

En 2012 las eléctricas cortaron la luz a 1,4 millones de hogares, el doble que antes de la crisis. En 2013, sólo Iberdrola (no hay datos publicados de Endesa y Gas Natural) a más de 578.000 hogares.

Como siempre, la peor parte se la llevan los colectivos más castigados: Personas en desempleo, en situación de exclusión social, mayores de 60 años, niños y niñas y de forma general la parte más débil de la clase trabajadora.

Según la Organización Mundial para la Salud, 54 millones de personas se encuentran en esta situación en Europa y la pobreza energética es responsable del 30% de las muertes adicionales en invierno, por agravamiento de enfermedades previas por ejemplo. Siguiendo estas indicaciones, diversos estudios estiman que en España en 2012 habrían muerto alrededor de 7.000 personas a causa de la pobreza energética.

Mientras tanto las ganancias de las empresas eléctricas continúan desbocadas y creciendo a un ritmo que supone casi el doble de sus análogas europeas. Concretamente empresas como Iberdrola, Endesa o Gas natural colocaron sus márgenes de beneficio en 2012 en el 6,78% mientras que los gigantes energéticos europeos como E.on, ENEL, EDF y RWE alcanzaron “solo” el 2,62%, lo que hace de España un paraíso para las empresas energéticas y un infierno para sus consumidores que ya se colocan en el cuarto puesto europeo de pobreza energética.

Para completar el cuadro, conviene recordar que el trato dispensado por el estado a estas empresas va mucho más allá de un trato amable. La Fiscalía Especial Anticorrupción, ha abierto una investigación para aclarar por qué el gobierno del PSOE primero y el del PP después, permitieron que prescribiera una deuda de las eléctricas con el estado por valor de tres mil millones de euros, tal y como denunció la plataforma por un nuevo modelo energético.

Este escenario abre el debate acerca de si sectores claves para la vida de un país como es la energía han de estar en manos privadas y sujetos a intereses particulares que a la luz de estas cifras parecen manifiestamente opuestos al interés general de ciudadanos y ciudadanas, no así, del interés de numerosos políticos que acaban formando parte de los consejos de administración de estas empresas cuando terminan su carrera política.

Como mínimo parecería sensato ejecutar como piden numerosos colectivos agrupados en la mencionada Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, una auditoría de costes para saber realmente que pagamos por consumir energía y cuánto por la indefensión que genera este monopolio de facto, que deja a la población indefensa ante un saqueo que nadie por el momento parece dispuesto a detener desde los diferentes gobiernos de turno.

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