El 18 de Julio de 1936 parte del ejército español daba un golpe de estado contra la legalidad vigente comenzando una Guerra Civil que arrojaría cifras de víctimas que oscilan entre medio millón y un millón de personas. Muchas de ellas no murieron en la contienda sino que fueron asesinadas en lo que se denominaron ejecuciones sumarias y paseos.

Tras la guerra, la persecución sin tregua del bando perdedor desató una cruel represión contra cualquier elemento susceptible de ser asociado a la España Roja (O que simplemente reclamara democracia, libertad o justicia).

Hoy nuestro país es, tras Camboya, el que tiene un mayor número de desaparecidos en fosas comunes.

El mundo entero entendió que en aquel conflicto se estaban sentando las bases de lo que sería Europa más tarde: o un espacio democrático y de progreso, o un conjunto de dictaduras totalitarias. Se avanzaba la gran guerra que libraría después el mundo contra el ejército Nazi.

Teniendo esto nítidamente claro, miles de personas acudieron a España arriesgando sus vidas, a luchar muy generosamente contra la posibilidad del triunfo del fascismo. Uno de ellos, Oliver Law lo hizo de la mano de la Brigada Lincoln, en la que siendo como era un hombre negro, pudo comandar por primera vez en la historia de los EEUU a compatriotas blancos.

Está enterrado en Brunete, muy cerca de donde escribo hoy esta nota.

Se han escrito toneladas de libros posteriormente sobre las consecuencias del resultado de aquel golpe de estado, de la guerra civil, y de la Dictadura posterior.

Las empresas que se hicieron ricas con la mano de obra esclava y que hoy lucen sus siglas en los tablones del IBEX 35, el exilio de miles de compatriotas a campos de internamientos de refugiados, el exilio interior de quienes se fueron de un país al que no posrían regresar nunca porque la cultura, la sociedad, y hasta la estética de su patria fueron arrasadas para siempre.

Se salió tarde de aquel infierno, y se salió mal. Un velo de silencio sobre víctimas y verdugos cubrió la transición política en la que hubo nuevamente que poner cuerpos de jóvenes para para poder alejar al país de la vieja dictadura. Luego muchos se han querido apropiar de ese esfuerzo colectivo, ponerle marca y derechos de propiedad.

Si te descuidas hasta los que se oponían al proceso.

Desde entonces nuestro país tiene la memoria rota. No ha habido forma, ni intentos siquiera destacables, de repararla.

Los dos grandes partidos, cada uno por motivos distintos. No han encontrado tiempo, alicientes o motivaciones para encarar un proceso de reconciliación nacional que incluya en la memoria de los hechos la verdad, la justicia y la reparación que las víctimas merecen.

Si la conocida como Ley De Memoria Histórica del PSOE dejó absolutamente insatisfechas las aspiraciones de las asociaciones vinculadas a la recuperación de la memoria histórica, el PP por su parte ha presumido públicamente de dotarla con cero euros, y ha consentido que portavoces oficiales del partido faltaran al respeto de forma reiterada a la memoria de las víctimas de forma obscena.

Sólo la pertinaz obstinación de las asociaciones civiles de Memoria, y la popularización de algunos casos como recientemente ha ocurrido con Ascensión Mendieta (Que ha podido exhumar y enterrar los restos de su padre tras muchos años de esfuerzos y las donaciones de los trabajadores de un sindicato noruego de electricistas que supieron de su caso y decidieron ayudarla economicamente), están permitiendo poner sobre la mesa la necesidad de una verdadera política de Memoria.

En este sentido se entienden también algunas iniciativas llevadas a cabo por Municipios del Cambio.

Hoy , la mañana del 18 de Julio de 2017, hemos asistido a la inauguración del paseo de la memoria en la “Finca Liana” de Móstoles. El paseo consta de más de una veintena de placas conmemorativas que hacen referencia a personas del municipio asesinadas por el franquismo, y desemboca en un Gernika de Hierro, obra del escultor local Paco Cobo que tiene la siguiente inscripción : ‘Porque fueron somos, porque somos, serán’.

El paseo también recuerda a dos vecinos de la localidad que fallecieron en el campo de concentración nazi de Mathausen-Güsen, en Austria. También a Modesto Montero, Alcalde de Móstoles en 1936 y a su mujer Orencia Jara, fusilados con dos meses de diferencia.


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A la inauguración han asistido asociaciones de Memoria, miembros de la Junta Estatal Republicana de Móstoles, y una representación de todos los partidos políticos con representación en el Ayuntamiento. ¿Todos? No, el PP no ha tenido a bien asistir.

Y no es un caso aislado, recientemente se ha conmemorado el 80 aniversario del bombardeo de Gernika, allí asistieron representantes de numerosos paises e incluso una delegación de Hiroshima y Nagasaki, ni un solo miembro del gobierno español asistió a la conmemoración.

Desarrolla el PP una política partidista para con las víctimas de la violencia política, afianza una dinámica que ensalza a unas víctimas y ningunea a otras, que presenta a las víctimas como una cuestión de parte y renuncia a entender que las víctimas son de todos y de nadie a la vez, que no son un medio sino un fin en sí mismo, que no son un instrumento.

Este comportamiento, sólo puede entenderse desde una lealtad mal entendida para con el pasado, cuando no de un sentimiento de culpa desproporcionado en la medida en que le impide asumir en la actualidad que no hay, a estas alturas de la historia, unas víctimas “nuestras” o “vuestras”, hay víctimas de vulneraciones de derechos humanos que merecen todos los derechos y consideraciones independientemente de su adscripción ideológica. Pero merecen, también, un acuerdo social que sitúe a las víctimas como víctimas y a los agresores como agresores.

Este acuerdo hoy está asentado sin mayor trauma en practicamente todos los países de Europa a excepción de España, en los que se asume que no se puede ser demócrata sin ser antifascista.

Es conocida la resistencia que ha mostrado la derecha en nuestro país a entrar en muchos consensos históricos que, después, ha reclamado como un éxito propio (Basta pensar recientemente en el papel de algunos portavoces del PP en el día del orgullo gay), por eso es importante que comprenda que para miles de personas en España, esta vez los tiempos son cruciales. De poco le va a servir a muchas personas que algunos asuman estas cuestiones dentro de diez años.

Es ahora, cuando aun viven, cuando necesitan a las instituciones de su país a su lado.

En ese sentido, creo que el papel de muchos ayuntamientos en los que las fuerzas de cambio tienen una presencia decisiva, es fundamental.

Como decía hoy el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Bonifacio Sánchez: “debería haber un paseo de la memoria como este en cada uno de los pueblos de este país“.

Porque cualquier persona, da igual si se siente más conservadora o más progresista, entiende perfectamente que todas las víctimas merecen todos los derechos.

Emilio Delgado Orgaz 18 de Julio de 2017

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