Recientemente hemos visto como la red se salpicaba de metáforas musicales para entrar en el debate sobre el Podemos que queremos.

En una simplificación desacertada en mi opinión, hay quien pretende dibujar un ala de “Blandos” que se referenciarían en canciones de Cold Play y un ala más “Contundente” cuya representación quedaría a cargo de, por ejemplo, Bruce Springsteen.

Bajo mi punto de vista, reducir la complejidad de Podemos a un sistema binario en el que hemos de elegir entre el pop y el rock, solo sirve para caricaturizar diferencias políticas mucho más sustanciales e interesantes.

No obstante, la cosa me ha suscitado una reflexión personal que me hace entrar al trapo en este asunto.

Cuando pienso en la banda sonora de mi infancia, aparecen grupos como “Los Chichos”, “Los Chunguitos” o “Bordón 4”. Los ponían mis padres y mis tíos en el Seat 850 en inacabables viajes Madrid-Valencia para pasar unos días en la playa. Sonaban en las bodas y en las cenas de Nochebuena en las que toda la familia se juntaba para comer, beber, bailar y jugar a las cartas hasta las tantas mientras los primos bajábamos de noche a tirar petardos.

Esas Rumbas, a menudo machistas y toscas, cantaban amores y desamores, pero también popularizaban a través de sus letras (seguramente por primera vez en la democracia) la situación de los marginados y los pobres que la transición iba dejando fuera. La situación de los presos en las cárceles o los estragos de la epidemia de heroína de los ochenta, circulaban entre guitarras por las casas bajas de Palomeras donde vivían mis abuelos antes de que los realojaran, casualidad del destino, en la Calle Ramón Pérez de Ayala, la misma en la que si no me equivoco vive nuestro Secretario General.

Más tarde, entre los 90 y el 2000, fueron llegándome Rosendo, Celtas cortos o Reincidentes, también los grupos que sustentaban el llamado rock radical vasco, a los que siguieron otros: “Hechos contra el decoro”, “Sargento García”, “Mano Negra” o Fermín Muguruza ya en solitario… Sonaban en las marchas contra el paro, en los “50 años bastan”, en el encuentro internacional contra el neoliberalismo y en los parques del barrio. Non Servium empezaban a hacerse enormes y saltaban de la Casika cada vez más lejos, y Habeas corpus iba llamando “A las cosas por su nombre”.

Luego la música se me fue de las manos y decidí hacer caso a Kase O: “Escucha de todo pero con criterio”. Así que me gusta darme una mañana de domingo escuchando a la SDJ Crew, o volviendo a cosas que escuchaba antes como “El Payo malo” o “Mucho muchacho”, pero me emociono con cosas muy variadas, desde “Nina Simone” a “White Buffalo”, pasando por “Vestusta Morla”, “Gentes del Pueblo”, “El Cabrero”, “Antonio Molina”….

Cuento todo esto porque todas estas músicas van asociadas a momentos históricos y a personas, y no me cabe en la cabeza un Podemos que no las contenga todas. Es más, no me cabe en la cabeza un Podemos que no se vaya rodeando de músicas nuevas que le doten de un universo simbólico y cultural que acompañe la nueva etapa política que hemos inaugurado.

Decía Rafael Amor que “Las canciones, por si solas, no provocan cambios. Pero que ningún cambio se ha hecho nunca sin canciones que lo acompañen”. Habrá pues que acompañar los procesos de cambios con melodías y ritmos diversos que acojan a todo un pueblo.

Esto no va de un “Podemos duro” vs un “Podemos blando”, va de construir una casa diversa y plural con capacidad de ganar el futuro, o reconstruirle un espacio a la izquierda que tratábamos de superar. La izquierda debe tener su espacio en esta casa, pero no ocuparla toda. Porque el país que queremos ganar, es más amplio, más diverso.

Algunos escuchábamos de vez en cuando a Non Servium cuando se nos invitó a un Festival con muchas bandas, ahora nadie puede enfadarse porque no queramos estar todo el día escuchando a Reincidentes. Veníamos a otra cosa.

No es más radical quien más golpes de pecho o autoafirmaciones hace, sino quien es capaz de conjurar todas las voluntades de un pueblo, sabiendo que son muchas y distintas, para cambiar las cosas y vencer a los poderosos.

A menudo, las voces más “duras” hablan de “batallas que no puedes encontrar en los mapas”, y obligan a recordar: “Cuidado, somos los mismos que cuando empezamos”.

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