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Sobre el 1 de Mayo.

Tengo unos diez años, y estoy de rodillas junto a mi hermano sobre una tela roja. Colocamos tiras de cinta aislante blanca formando letras que a su vez configuran la frase: CCOO Sindicato Trabajador. Preparamos una pancarta casera. Viene el primero de Mayo y en casa es una fecha indiscutida. Son los tiempos de los locales modestos del sindicato (Cada uno bajaba su silla, en Navidades colectas de juguetes para otros niños y niñas del barrio), grandes huelgas en la construcción, mi padre llegando muy tarde a casa de alguna asamblea.

Toda la familia, incluidos mis tíos y tías, acudiremos a la manifestación del Día del Trabajador.

Tengo 39 años, es primero de Mayo y reparo en que no he acudido a la manifestación, hace algunos años ya que no voy, mi familia tampoco va desde hace tiempo.

Me pregunto qué ha sucedido entre estos dos momentos. Me respondo:

Las modificaciones operadas en el mercado laboral: Ya pocos viven donde trabajan, no crían a sus hijos juntos, no hablan de la situación de la fábrica (Porque no hay fábrica), quienes malviven en trabajos precarios de unos meses no se sindican. Para qué si mañana ya no estarán en ahí. Los parados, los inmigrantes, los becarios…sin fuerza que los organice.

La cadena de cesiones que han protagonizado en las sucesivas reformas laborales unos sindicatos desaparecidos en la crisis más grave que ha sufrido nuestro pueblo en varias décadas. Afectados por si fuera poco por escándalos de corrupción como el de las tarjetas Black o los ERE que contribuían a minar su prestigio.

La movilización del primero de Mayo ha ido perdiendo su potencia en los mismos años en que la patronal desplegaba la suya, una fuerza imparable que ha modificado las relaciones laborales y sociales hasta lo inimaginable. Turbocapitalismo frente a unas organizaciones sindicales poco ágiles.

Hoy tener empleo no significa en modo alguno librarse de la amenaza de la pobreza. Uno de cada cinco trabajadores en España es pobre, es decir que gana menos del 60% de la renta media.

Es inaplazable la actualización de un sindicalismo que sin plan de futuro ni respuestas a los interrogantes del presente, se refugia en el pasado. La nostalgia jamás ha operado como una fuerza motora.

A las grandes empresas de este país no les preocupan ni las proclamas estériles, ni las procesiones folcklóricas. Tampoco los llamados sindicatos alternativos han sido capaces de romper sus propios límites. Pareciera que el sindicalismo ha sido el campo en el que menos ha calado la tormenta renovadora del 15M.

Es lógico que las movilizaciones mengüen cuando cada vez menos trabajadores y trabajadoras se sienten concernidos por la llamada de unos agentes a los que perciben lejanos. Queda todo por hacer en el terreno de las relaciones laborales.

Hay algunos destellos de esperanza en la gestión de conflictos concretos, en sindicalistas potentes que piensan nuevas formas organizativas y encaran con audacia la nueva realidad, en grupos de personas precarias y paradas, en ideas que hablan de vincular derechos de ciudadanía como la renta básica a la actividad sindical…habrá que darles espacio y tiempo.

En un escenario internacional tan agresivo con los derechos laborales no podemos cometer el error de confundir la crítica de algunas prácticas sindicales con la impugnación absurda de la organización sindical en su conjunto.

Sobre el 2 de Mayo

Nada hay más ocioso que convertir una efemeride en un ejercicio mecánico de rituales secos.

El dos de Mayo, que evoca la resistencia del pueblo de Madrid en la guerra de independencia frente a Napoleón, es celebrado indistintamente por todos los espectros políticos de nuestra región sin que suscite controversia su naturaleza revolucionaria. Es evidentemente una fecha en disputa.

La interpretación Naif que sectores vinculados a las élites vienen haciendo de aquellos sucesos, viene a ser la de un pueblo fiel a sus gobernantes que se levanta en armas contra el invasor extranjero. Independientemente del papel de sus gobernantes. Por el contrario, algunos sectores de izquierda desaprovechan la ocasión de entender el papel que juegan las identidades colectivas en la capacidad de agregación política y en la intervención social, al menospreciar aquellos hechos ubicándolos dentro de una revolución “equivocada” que salió en defensa de sus opresores.

Aunque hay algo de verdad en ambas lecturas, merece la pena ahondar un poco en aquellos sucesos épicos, dramáticos y violentos que modificaron el curso de nuestra historia.

Si de una parte el movimiento de resistencia nacional se anclaba firmemente en la defensa de la tradición religiosa y cultural, de las viejas leyes por opresivas que fueran o en la reivindicación dinástica de un rey propio e idealizado frente a uno extranjero, también hubo quienes percibieron la oportunidad de introducir cambios de progreso en el país en las zonas y capas sociales más permeables a las ideas que venían de Francia. Liberales que abogaban por equilibrar el orden establecido con una ampliación de las libertades y Había entre estas dos fuerzas un eje común, la defensa de la soberanía nacional, pero alrededor del cual cada una ejercía fuerzas en sentido centrífugo.

La realidad imponiéndose a la determinación idealista previa, a las lecturas planas o mecánicas. Contradictoria y plural. Viva.

En aquellos días convivieron el heroísmo del pueblo y la pleitesía inmediata de la nobleza y la alta administración, el intento de centralización frente a la autonomía municipal y provincial que fue clave a la hora de la contienda militar, la constitución de 1812 y el: “Vivan las cadenas” posterior, Los liberales y los afrancesados, luces y sombras que configuran un desarrollo histórico concreto.

Aunque la constitución de 1812 fuera abolida posteriormente, su impronta liberal fue recogida en diversas etapas y procesos políticos posteriores abriendo las vías a planteamientos más avanzados.

Ayer, como hoy, un pueblo contradictorio y diverso hubo de hacerse cargo de defender la soberanía cuando sus élites no dudaron en entregársela a terceros a cambio de salvar su propia posición. Muchos y muchas dieron su vida por ello, con todas las contradicciones que se quiera.

Emilio Delgado Orgaz 04/04/2016

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