Estimadas compañeras, estimados compañeros:

Nunca pensé que iba a llegar el momento de escribir esta carta. Nunca pensé, por supuesto, que iba a encargarme de la inmensa responsabilidad que supone ser Secretario de Organización del Consejo Autonómico de Madrid indefinidamente, pero tampoco que este final iba a llegar con la presentación de mi dimisión como secretario y como consejero de dicho órgano. Éste y no otro es el objetivo de esta carta.

Nunca lo pensé por diferentes razones: en primer lugar, desde el comienzo de Podemos, mi entusiasmo y mi compromiso con el proyecto han sido descomunales, como el de tantas personas que participan en Podemos. Por fin, después de muchas décadas en las que la voluntad de nuestro pueblo fue secuestrada, estábamos en disposición de construir una herramienta para cambiar las cosas. Me impliqué en cuerpo y alma, dejando descuidados algunos aspectos de mi vida y en un momento personal muy especial, pero sabiendo que las horas de trabajo, el esfuerzo y la aventura común merecían, con mucho, la pena. Por fin, construiamos una organización política con capacidad, empuje y dinámicas alejadas de las de los viejos partidos. Por fin, cualquiera, la gente normal y corriente, que levanta este país cada mañana, estaba en condiciones de hacer política. Yo me sentí y me siento identificado con ese Podemos, una herramienta política, transversal y construida para ganar y cambiar la vida de la ciudadanía. En segundo lugar, todos los que me conocen lo saben, soy una persona, que ha tratado de hacer que las cosas funcionaran en virtud del modelo organizativo que nos dimos democráticamente e intentando, dentro de lo posible y con una responsabilidad complicada (Organizar, mediar e intervenir en 180 municipios no hace que a todo el mundo le parezcas el más simpático, obviamente), ser ecuánime, mediar entre diferentes para lograr solucionar conflictos y, todo ello, siendo extremadamente prudente con el contexto general y con nuestro proyecto político.

Hoy, después de meses de trabajo ingente, serio y en la dirección que nos marcamos como organización, he de, lamentandolo muchísimo, dimitir de mis responsabilidades del Consejo Ciudadano Autonómico de la Comunidad de Madrid, así como de consejero de dicho órgano. Quien esté leyendo esta carta se preguntará cuáles son mis motivos para dar un paso así de relevante y por qué elijo este momento para hacerlos públicos.

Respecto a los motivos, he de señalar, en primer lugar, el fundamental: creo que hoy sencillamente me es imposible realizar mi trabajo. La ausencia de dirección política del órgano autonómico es paralizante y, sinceramente, no la merece ni nuestra organización en Madrid, ni todas las personas que apoyaron Podemos con su participación o con su voto. Hechos como que el máximo responsable de esta dirección, el Secretario General, desapareciese de la vida de nuestra organización política, no haya sido capaz de convocar una sola vez, por sí mismo, a todos los Secretarios Generales Municipales de la Comunidad, no estuviese a la altura del nivel de exigencia de la última campaña electoral a las elecciones generales, ausentándose prácticamente durante toda la misma, haya sido incapaz de trabajar una hoja de ruta estrategica para aterrizar la línea política a la realidad de nuestra Comunidad y sus municipios o solamente haya propiciado descoordinación y desconfianza con el Grupo Parlamentario, son suficientemente significativos y describen lo que a mi modo de ver es la antítesis de lo que debe ser un dirigente político a la altura que las circunstancias reclaman.

Durante todo este año y medio, dada mi difícil posición y mi responsabilidad, he intentado, discretamente y sin acudir jamás a medios de comunicación o hacer declaraciones en redes que pudieran dañar al partido, en esa línea pienso seguir. He procurado mediar, buscar soluciones y reactivar a la dirección política en la medida de mis posibilidades, incluso en ocasiones probablemente asumiendo tareas que no me correspondían. En definitiva, he intentado por todos los medios que las aguas volvieran a su cauce y lograr que las cosas pudiesen funcionar pero hoy mi trabajo se ha vuelto misión imposible. Con especial crudeza, he vivido la ausencia de liderazgo y la falta de apoyo en lo que respecta a la ciudad de Madrid con la que se ha bloqueado cualquier posibilidad de coordinación, dificultando el trabajo y no potenciando las posibles sinergias entre los diferentes niveles territoriales.

En segundo lugar, la situación me parece hoy completamente irreformable en los órganos de Madrid. En este sentido, soy incapaz de seguir formando parte de una dirección política que, a mi modo de ver, pone en riesgo por su inacción y las dinámicas perniciosas, que ha permitido instalar, una herramienta levantada a pulso con la ilusión, el esfuerzo y la contribución económica de la gente. Mi responsabilidad también me lleva a pensar que este es el mejor momento para presentar mi dimisión para que la próxima persona que asuma el cargo tenga suficiente tiempo para prepararse para un contexto político difícil en el que, incluso, puede que se repitan las elecciones generales.

Además, quiero dejar meridianamente claro que mi disconformidad y decepción se refieren a las direcciones políticas de Madrid y que, en esa medida, seguiré trabajando desde todos los espacios posibles dentro de nuestra formación política para impulsar una línea de trabajo coherente con lo que nos mandataron las personas que nos votaron en las primarias: compromiso, sensatez, valentía para decir las cosas como son y honestidad y responsabilidad también para dimitir cuando uno cree que es lo necesario y lo mejor para nuestro proyecto. Desde la institución de la Asamblea de Madrid, seguiré tratando de llevar los problemas y las demandas de la gente, así como ponerla finalmente al servicio de ésta, mandato principal de nuestros electores en las pasadas elecciones autonómicas.

Por último, quiero manifestar mi indignación a quienes por vanidad, por torpeza o ignorancia preparan la enésima desilusión de todos y todas. También quiero aprovechar para dar las gracias a las miles de voluntarias y voluntarios y a todas las personas que, desde el principio y durante este año y medio, se han volcado en vertebrar esta organización y, muy especialmente, a todos los responsables de JEZ y personas que han trabajado conmigo, codo a codo, en la Secretaría de organización. Con vuestro esfuerzo y ejemplo estáis pariendo la esperanza del otro mundo posible. Un fuerte abrazo. Que nadie se equivoque: aquí nadie renuncia, ni se rinde; seguimos contruyendo, desde otros espacios fuera de la dirección de Madrid, una herramienta política para la gente y a la altura de los tiempos históricos que vivimos. Como decía Pablo Iglesias el pasado miércoles en el pleno del Congreso de los Diputados: “En la mentira nada florece, en la verdad, todo es posible”.

Emilio Delgado Orgaz,

Móstoles a 07 de Marzo de 2016.

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